Mes: julio 2011

Nativos e inmigrantes digitales: una engañosa dicotomía

Por Hugo M. Castellano © 10 julio, 2011

La conocida expresión “nativo digital” es una creación de Marc Prensky (1) que prendió fuertemente entre los educadores.

Los “nativos digitales”, de acuerdo con su carácter de “indígenas de las nuevas tecnologías”, son quienes nacen poco menos que sabiendo operar cualquier artefacto que la modernidad les ponga delante.

Esta categoría tiene una natural contrapartida, los “inmigrantes”, entre los que se incluye a padres y maestros, comprende a todos los que hablan el argot tecnológico como segunda lengua, para quienes el aprendizaje en los nuevos entornos invariablemente tendrá variados grados de dificultad, por lo general elevados.

Las ideas de Prensky fueron rápidamente asimiladas por los medios y se esparcieron en incontables congresos, seminarios y talleres. Su popularidad entre los educadores se fundó en una obvia sencillez explicativa, y también porque los exoneraban de cualquier error o ignorancia en el uso de las nuevas tecnologías, siendo natural que, como inmigrantes, “les costara” moverse en ese nuevo mundo.

En lo que a los alumnos respecta, el nuevo paradigma reivindicaba su “saber innato” y en consecuencia exponía la inutilidad de enseñarles lo que ya sabían.

La experiencia de aplicar el concepto primario de Prensky durante dos décadas puede resumirse entonces en una consecuencia negativa: el servir como excusa para que muchos docentes evadieran la responsabilidad de adecuarse frente a las nuevas tecnologías, y en otra positiva, que obligó a cuestionar una metodología estrechamente instrumentalista, desafiando a los pedagogos a buscar métodos integrales de enseñanza “digital”, avanzando hacia una nueva didáctica que promoviera aprendizajes de orden superior aprovechando la disponibilidad de información y recursos informáticos para su procesamiento, estudio y análisis.

Pero, ¿qué tan “digital” es este desafío?

En una reciente entrevista al periódico italiano L’Unita, Prensky propone una educación basada en la resolución de problemas, materia que, según él, “deberíamos enseñar sistemáticamente, comenzando en los grados más elementales. Esto incluye un amplio rango de habilidades, tales como la comprensión, el pensamiento crítico, la toma de decisiones, el juicio, el análisis, la auto-dirección, la auto-evaluación, la adaptabilidad, el pensamiento creativo, el diseño, la mejora continua, la reflexión, el ser proactivo, el tomar riesgos con prudencia, el pensamiento de largo plazo, y el aprendizaje. Incluso las habilidades de liderazgo son requeridas para la resolución eficaz de problemas, así como los rasgos del carácter: la persistencia, la moralidad, la honestidad y la sinceridad”.

En un contexto algo diferente, Araiz Zalduegui (del portal Pantallas Amigas) disertó recientemente en Paraguay sobre el uso responsable de las tecnologías de la información y de la comunicación, y según informa el Ministerio de Educación de ese país, la experta española comentó que “la idea de que los adolescentes saben todo sobre las nuevas tecnologías es errónea”, y agregó que “aunque son nativos digitales ellos necesitan que se les ayude a utilizar estas herramientas”.

Zalduegui propone instruir a los estudiantes dándoles pautas que los hagan valorar “la defensa de la privacidad, tanto personal como la de otras personas”, y que logren empeñarlos en “salvaguardar su imagen y la de otros, entender que internet o las redes sociales son como el mundo real donde los datos personales no se pueden compartir con cualquiera, que los amigos de sus amigos no son sus amigos, evitar conflictos, que la seguridad de su equipo puede afectar también su seguridad, entre otros”.

Prensky y Zalduegui son apenas dos ejemplos de la tensa, crítica y contradictoria relación de los educadores con las nuevas tecnologías.

Unos, como Prensky, parten de conceptos puramente tecnológicos para finalmente descubrir que carecen de sentido sin la impronta humanista de las virtudes morales o los valores éticos; y otros, como Zalduegui, no temen exponer desde el inicio que el haber “nacido digital” apenas si garantiza unas pocas y superficiales habilidades, y hasta se atreven a proponer la idea políticamente incorrecta de que los maestros todavía tienen mucho que enseñar, y los alumnos todo por aprender.

Al final del día, cuanta más tecnología se introduce en la escuela (y en las vidas de las personas), más claro se vuelve que el problema no está en los aparatos ni en cómo hacerlos funcionar, sino en la calidad y en el propósito de su uso.

En este sentido, poco ha aportado la clasificación de Prensky, como tal.

El conocimiento que poseen los “nativos” facilita su relación operativa con las nuevas tecnologías, pero está esencialmente desprovisto de propósito, sentido y profundidad. Por su parte, los “inmigrantes”, aunque algo torpes con los botones, son quienes tienen la llave hacia la comprensión de los procesos, la adopción y puesta en práctica de valores de significado personal y social, y hacia la construcción del pensamiento crítico como antígeno contra los prejuicios, los dogmatismos y la desinformación.

Como se ve, y muy previsiblemente, aquella tradicional asimetría alumno-docente que el constructivismo quiso desterrar reduciendo al maestro al rol de mero “facilitador” o “mediador” entre el alumno y el conocimiento, salió por la puerta… pero volvió a entrar por la ventana.

Durante un tiempo vivimos bajo la impresión de que la balanza se inclinaba hacia el lado de los jóvenes “nativos digitales”, porque se nos dijo que poseían la milagrosa capacidad de aprender a aprender, y de aprenderlo todo por sí mismos. Pero con cada día que pasa son más los que abandonan el discurso tecnocrático y se atreven a hablar del carácter, la moralidad y otras virtudes, sin las cuales no hay computadora que valga, ni empresa que prospere, ni nación que progrese.

Tal vez si nos dedicáramos más a explorar lo que nos une en lugar de lo que nos separa, la vida sería más sencilla, y la educación más eficaz.

(1) en su libro Digital Natives, Digital Immigrants (2001).