Mes: marzo 2012

Tecnología en las escuelas: el engaño estadístico

Por Hugo M. Castellano © 27 marzo, 2012

Un reciente estudio (1) del Observatorio de la Educación Básica de la Argentina (2) se abocó a cuantificar diversas variables educativas, entre las que destacan las relacionadas con el uso de tecnologías de la información por parte de docentes y alumnos, y su integración a las actividades escolares.

Así hemos sabido que menos del 10% de los maestros y profesores admiten usar en clase y a diario las netbooks entregadas por el programa Conectar Igualdad del gobierno argentino (dos millones hasta ahora, de los tres comprometidos), pese a que, según el mismo informe, más del 90% dice saber manejarlas y se declara competente en el uso del procesador de texto y la navegación por Internet.

El trabajo reveló, además, que un 28% de los maestros de primaria (3) afirma usar la computadora en clase una vez a la semana, y un 15% de los profesores de secundaria admite igual frecuencia de uso.

Es penoso tener que explicarlo, pero lo que estas encuestas reflejan es lo que los entrevistados dicen sobre sí mismos, lo que dicen saber y lo que dicen hacer. Se trata, por lo tanto, de simples relevamientos “de opinión” preñados de subjetividad, cuyos datos no han sido obtenidos observando la realidad del aula o a los docentes en acción, ni siquiera corroborando a posteriori sus afirmaciones mediante algún muestreo presencial.

En semejante contexto, es hilarante que el trabajo del Observatorio afirme que su “margen de confianza” es del 95%, guarismo que puede ser fácilmente refutado por cualquiera que se tome el trabajo de constatar empíricamente qué es eso que los docentes consignan como “saber navegar por Internet” o “usar el procesador de texto”, y compruebe que a duras penas se trata de saberes torpes, superficiales, inconexos, y sobre todo demasiado primitivos como para aprovechar pedagógicamente los recursos informáticos.

Lo mismo se aplica a la capacitación docente en ese rubro. Se reporta su existencia, y dice el informe que las acciones capacitadoras “tuvieron un alcance significativo”.  

Si algo no han tenido las capacitaciones oficiales en el uso de las tecnologías de la información durante los últimos veinte años es “alcance”.

Los talleres presenciales donde efectivamente hay oportunidades de “aprender haciendo” llegan, como es natural, a grupos muy pequeños cuya formación no hace mella al sistema.

En cuanto a las capacitaciones “masivas”, apenas si se limitan a algunas clases magistrales dictadas a uno o dos centenares de profesores por vez, que por teóricas no transmiten ningún conocimiento práctico; o bien son “cursos virtuales” en los que se da por “capacitados” a todos por el mero hecho de haber llenado un formulario de inscripción.

También se distribuyen cuadernillos y tutoriales, sin mecanismo alguno que permita determinar que, además de recibirlos, los docentes los hayan leído, cuando menos.

En las capacitaciones oficiales no hay exámenes, ni reprobados, ni seguimiento alguno. El gobierno invierte millones y no exhibe el más mínimo interés por saber si seis meses después, o un año más tarde, los “capacitados” están aplicando efectivamente las técnicas que presumiblemente aprendieron.

Es bien sabido que ningún programa de integración de las tecnologías de la información puede producir una transformación significativa si el sistema no está dispuesto a cambiar  sus viejas prácticas y sus perimidas estructuras. Y está muy claro que tal voluntad no existe en el sistema educativo argentino.

Para integrar la tecnología a las labores cotidianas de los maestros no sólo hay que brindarles instrucción (mucha, buena y asidua) sino que además necesitan tiempo, oportunidades y recursos. No basta con entregar una computadora a cada docente si la escuela no asume la necesidad de un cambio conceptual y estructural. Debe cambiar la currícula, y con ella los ritmos escolares, los horarios, la dinámica del aula y las responsabilidades del docente y los alumnos de cara a la novedosa y revolucionaria oferta informativa que proponen las nuevas tecnologías de la información.

La capacitación docente en el uso de tecnología debe estar orientada a generar conocimiento verdadero y competencias concretas y demostrables, y por eso debe concluir, ineludiblemente, en una instancia de evaluación seria y rigurosa, que distinga a los que aprenden con esfuerzo y tratan de cambiar su práctica de aquellos que sólo se sacuden la pereza para cumplir con el trámite de la capacitación, o los que van tras el puntaje sin una honesta disposición para aprender.

Desafortunadamente, las autoridades continúan empeñadas en construir una realidad ficticia, hecha de palabras vacías, de números artificiales y de mentiras, cuya promoción encargan a sujetos envilecidos por la corrupción, que se apoya en la ignorancia y el desinterés de la opinión pública respecto de la educación y sus complejos procesos, y que está más interesada en inventar resultados que en producirlos.

Cuando las encuestas “de opinión” afirman que la integración tecnológica no funciona en las escuelas, cabe alarmarse seriamente, porque eso indica que la realidad es infinitamente peor.


[1] Los datos provienen de entrevistas a 571 directores, 915 docentes y 325 preceptores de 550 colegios elegidos al azar.
[2] Entidad formada por equipos de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el Centro de Estudio de Políticas Públicas (CEPP) y el Banco Santander.
[3] La investigación no aclara que estos maestros de primaria no pertenecen a los beneficiados por el programa Conectar Igualdad, que sólo entrega netbooks en escuelas secundarias. Es posible que pertenezcan a la ciudad de Buenos Aires, donde un programa similar sí distribuye computadoras en ese nivel educativo.