Adoctrinar: un pecado imperdonable

Por Hugo M. Castellano © 18 agosto, 2012

Cuando el río suena, agua trae. Hace tiempo que los rumores venían sucediéndose, alertando sobre la presencia cada vez más frecuente de profesores del nivel secundario que exponen frente a sus alumnos versiones cuando menos discutibles de la Historia reciente, incluso en los más tradicionales y conservadores colegios privados, y que hacen alarde de su apoyo al oficialismo pregonando consignas “revolucionarias” y manifestando su adhesión a los modelos sociales y económicos del populismo y el colectivismo.

Semejantes acciones –tal como las expuso recientemente la prensa independiente, y que con igual determinación fueron ignoradas por los medios oficialistas- aparecieron reveladas en toda su dimensión tras conocerse que es el propio gobierno quien ha concebido, y está desplegando, un ambicioso programa de adoctrinamiento político dirigido a los alumnos de todo el país, articulado por la Jefatura de Gabinete y financiado con fondos públicos, cuyo brazo ejecutor es la agrupación oficialista “La Cámpora”, cuño de los funcionarios favoritos de la presidente Cristina Fernández.

De allí surgen los militantes que organizan “talleres” bajo el lema del “fortalecimiento de la democracia” y promueven actividades en las que los alumnos de las escuelas públicas son hábilmente guiados hacia la unívoca conclusión de que “el único héroe es el héroe colectivo”, un principio que incita a la incondicional sumisión del individuo al deseo de las mayorías políticas.

Pero en un giro curioso, el diputado Andrés Larroque, secretario general de “La Cámpora” y subsecretario de Reforma Institucional y Fortalecimiento de la Democracia (sic), sostuvo durante la inauguración del programa en cuestión, llamado precisamente “El héroe colectivo”, que “la generación del 70, la nuestra y la de ustedes necesitaba un héroe. Y ese héroe fue Néstor Kirchner”.

¡Caramba!: ¿un héroe singular o uno comunal? ¿Colectivismo o culto a la personalidad? ¿Marx o Ayn Rand? Cuando el fin justifica los medios, la contradicción, la mentira y hasta el absurdo son instrumentos válidos para alcanzar cualquier objetivo. ¿Y cuál es el objetivo del programa “El héroe colectivo”?: “defender el modelo instalado en 2003 con Néstor Kirchner y continuar en el camino de concientizar a los jóvenes“. Así lo expresó Larroque en el acto referido. A confesión de parte, relevo de prueba.

Huelga decir que tal propósito no será perseguido a través del ejercicio de la abierta exposición y libre debate de las ideas, sino mediante un crudo y tenaz adoctrinamiento como el que ya se se ha comenzado a aplicar en muchas escuelas públicas del país.

¿Métodos fascistas para “fortalecer la democracia”? Tamaño surrealismo sólo es posible en la Argentina de hoy, aunque -triste es admitirlo- no es la primera vez que algo así nos sucede: sesenta años atrás los infantes aprendían a leer silabeando “Perón me ama, Evita me mima”.

Imponer una ideología sectaria corrompiendo deliberadamente el pensamiento de niños y jóvenes es una de las conductas que tipifican a los regímenes totalitarios. Al apoyar con dinero y con logística este tipo de actividades, el gobierno argentino firma su divorcio con la causa republicana, renuncia a los sagrados principios de la democracia, y da un paso más hacia el absolutismo.

En cuanto a los educadores, sobre quienes recae la responsabilidad de elevar a las nuevas generaciones guiándolas hacia la máxima expresión de sus talentos y ambiciones, cabe recordarles la admonición del insigne Esteban Echeverría: “Miserables aquellos que vacilan cuando la tiranía se ceba en las entrañas de la Patria”.

No hay pecado mayor para un maestro que contaminar la mente de sus alumnos, y no hay mayor cobardía que callar ante el embate de quienes abusan del poder para convertir a la noble educación en adoctrinamiento.